martes, 5 de enero de 2016

Cabalgata de Reyes Estilo Manuela Carmena

Cabalgata de Reyes estilo Manuela Carmena

            Como casi todos los años, desde que tengo recuerdos, es tradición en mi familia pasar la tarde del día cinco de enero recibiendo a los Reyes Magos en Madrid.
            Mi ciudad siempre ha participado activamente en esta fecha. Los padres llevan a sus hijos, ilusionados, a lo que para ellos es la magia que les trae la Navidad en forma de tres Reyes Magos: Melchor, Gaspar y Baltasar. A quienes les acompaña todo su séquito. Camellos cargados con regalos, burros, caballos a los que guían solícitos pajes ataviados de coloridas y elegantes vestiduras. Ni que decir tiene que, los más elegantes, los que mejores vestiduras y más oro ostentaban eran los tres Reyes ya que, un motivo tan importante como haber adorado al Niño Dios, requería de tales vestiduras. Pues, aunque humilde había nacido en la tierra, era el Rey de Reyes. Dios entre los hombres.
            Los niños vivíamos aquél día con auténtica ilusión y alborozo pues sabíamos que aquellos ancianos sabios y bondadosos también nos dejarían algo en nuestros domicilios, siempre que hubiéramos sido buenos...O regulares...O decididamente revoltosos. Los Reyes Magos, en su bondad comprendían que, al ser niños, se nos olvidaran los buenos deseos de vez en cuando.
            Me extrañó, en primer lugar, que la afluencia de público no fuera la acostumbrada. La Castellana no era aquella calle que a izquierda o derecha se formaran barreras humanas de diez o quince en fondo.
            Y se inició la Cabalgata...
            Unos ciclistas con chalecos pobretones y una especie de cordones metálicos en forma de gorro, circulaban por la calzada sin ton, ni son. Mientras sonaban canciones étnicas más propias de Tarzán que de otra cosa. Tras ellos, se alzaba un gigantesco dragón de connotaciones chinas, acarreado por chinos. Un elefante indio. Muy patoso, por cierto, gracias a quienes le manejaban.
            Los coches antiguos de los bomberos con unos pocos globos encima, dos autobuses de cuando eran azules...
            Entraban por la avenida las carrozas. ¿Carrozas? En fin: carrozas. Y en una de ellas...¡¡¡Darth Vader con sus huestes!!!! Ahí comenzó el dislate.
            Los niños que, hasta entonces guardaban aún su ilusión a pesar de la batukada y la ausencia de villancicos, empezaron a cambiar sus caritas. A mi lado, una nena le decía a su papá que tenía miedo. Otro comenzó a llorar. Una mamá le espetaba a su marido.-Manolo: yo me voy.- Y Manolo, con su pequeñín en brazos y llorando, se quedó sin ver las huríes que, no se qué pintaban allí, pero haberlas, había. Como las meigas en Galicia.
            Caramelos, hubo. No en la mano, como siempre, lanzados. A pesar de que se dijo que no serían tirados por el posible peligro que ello pudiera ocasionar en la chiquillería.
            Los más mocitos, se quejaban.- ¡ Vaya mierda de Cabalgata...!
            Bien es verdad que, mierda, fue lo más cariñoso y suave que escuché.
            ¡ Y, por fin, Los Reyes Magos!
            Santa Virgen, musité, mientras ante mis ojos tres...Tres... ¡Bueno eran tres! De lo que fueran o fuesen ¡Vaya usted a saber!
            Barbas de medio pelo, vestidos con las cortinas viejas del baño de un apartamento de vacaciones barato. Baltasar masticando chicle. Las carrozas ni de feria de aldeita. Los niños sin saber qué hacer con las puñeteras cartulinas que para colmo cortaban con el canto. Las previsoras mamás hacía tiempo que ya se las habían quitado cuando un Dj, vestido de piel de lobo (decían) atacaba con su salmodia de música disco, dejando deslumbrados los ojos a quienes con sus fogonazos de luz tocaba.
            La gente se calentaba...Muy, muy cabreada.
            Que los animalitos, pobres, se estresaban con el desfile. ¿Y los padres? ¿Y los niños? Qué nos ha hecho Manuela Carmena. Que lo suyo ni a odio llega: es desidia.
            Con un poco de interés, solo un poco, no hubiera encargado el evento a quién lo hizo, que para Carnaval...Bueno, servía. Pero para Reyes, no. No se encargan eventos a quienes de ellos abomina, como abiertamente lo han hecho. De hecho así lo comentaban, entre ellos y a voz en cuello, mientras "cabalgaban". No Manuela, no.
            Y; a ver si quita usted el trapo de bienvenida a los refugiados, que solo han venido "cuatro" y molesta y avergüenza que de "cuatro" haga pancarta y la coloque en MI CASA por tanto tiempo, en SU honor. Que no, en el de los refugiados. Que, en todo caso, señora, somos los madrileños quienes pagamos su estancia. Y esto me recuerda que hasta su sueldo nos debe. Su sueldo, el de los ediles y el de los "percebes" que han paseado mis calles, sin salero y con desgana, vestidos como les dio la gana y como a usted le placiera. Pero otra vez le recuerdo que es el madrileño quién paga. Si fuera de su bolsillo y en sus casas, haga de su capa un sayo y de las cortinas del baño, tres o diez, según le plazca. Depende de cuantos baños en sus varias casas tenga. Que a mi no me importa nada.
. Del sermón socio-político que nos soltó como si nada, corramos tupido velo, que por hoy, ya va bien cargada.

            En Madrid un día se armó, por oír llorar a un niño, la Marimorena. Pues yo hoy, he escuchado a tres. Solo le digo eso.

1 comentario:

  1. NO TE LO PERDONARÉ JAMÁS, MANUELA CARMENA

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